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martes 1 de abril de 2008

SATTVA, PARTE UNO

Una de las cualidades de la Conciencia es Sattva: cualidad de equilibrio, armonía y satisfacción. Sattva se manifiesta cuando todo es perfecto, cuando aceptamos de forma intuitiva que todo está muy bien y una gran dicha silencia las dudas y los conflictos.


El universo, la conciencia en manifestación expresa la tendencia de establecerse en Sattva, en el equilibrio como resultados del proceso de la torpeza, en dinámica con la acción reacción.

Si el cosmos de forma natural tiende hacia el Sattva, que no es otra cosa que la emulación del estado absoluto de la Conciencia, los seres humanos y toda la existencia es consonante con este impulso.

Sattva también representa el alimento vital, que es necesario para que la existencia fluya, evolucione y perdure. Tomamos el aliento, el aire, la luz del sol, para crecer y perdurar. Por lo tanto cuando buscamos estar bien y mejor, estamos reaccionando a la tendencia del cosmos por el equilibrio naciente del caos.

Cuando escuchamos que un ser iluminado como Buda ya no estaba sometido a los deseos, placeres y temores del mundo, podemos especular que si nuestro deseo es alcanzar dicha iluminación o claridad, deberíamos lograr que los deseos, placeres y temores se esfumaran de nuestras vidas. En realidad esta interpretación objetiva de la Verdad suprema o la llamada iluminación está en disonancia con el cosmos y la esencia de lo absoluto.

En el advaita se dice que no se requiere de ningún entrenamiento o sadhana para que se de el despertar, que el despertar es espontáneo, independiente de actitudes o buenos propósitos. Por esto y lo anterior el panorama para alguien que busca la verdad es tan difuso e inlograble.

Que cosa más compleja: por un lado los iluminados ya no están sometidos al deseo y al sufrimiento y por otro no tuvieron que hacer nada al respecto. Algo así como un abra cadabra o conjuro mágico.

La conciencia cósmica, busca y se vale del sattva para descubrir su verdadero origen, lo absoluto y nosotros (cuerpos mente) como sus creaciones hacemos exactamente lo mismo: encontrar la armonía al hallar nuestra verdadera naturaleza.

Cuando Buda se iluminó, no fue un evento personal, fue completamente impersonal, es decir, Hasta ese momento el individuo que buscaba la claridad, el equilibrio absoluto, la verdad, desapareció como hacedor; pues la comprensión de que hasta ese momento fue un fragmento de la creación y que se establecía como la totalidad, lo absoluto, relegaron el deseo y el sufrimiento al cuerpo mente que continuaba existiendo, pero ya no le pertenecían a una persona, dado que buda en ese instante paso a ser todos los cuerpos y todas las mentes, y más a fondo, su fundamento era lo absoluto y ya no lo relativo.